jueves, 11 de abril de 2019

Time





"Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener".

Charles Bukowski


Tanto y tan poco.

Existen mujeres que se apoderan de tu alma

de tal manera que
cuando te la devuelven,

sigues estando vacío.



La última noche.

Despierto vomitando algo marrón y amarillo y amargo y quizá algo de sangre, me duelen los huesos uno después del otro y mi cabeza es una bomba a punto de estallar, hay demasiadas pesadillas por recordar y una mujer semidesnuda sobre el suelo de mi habitación, lleva las bragas en las rodillas y el sujetador colgando de un brazo, tiene un poco de sangre en la nariz y manchas horribles en las piernas. Por ratos llega a mi mente un hombre que intenta meterle el puño en la concha a esa muchacha pero ella se queja demasiado y le pide que no lo intenta más, pero él sigue con más fuerza, luego se detiene un momento e intenta hacer lo mismo desde atrás. Recuerdo que estoy moliendo un poco de esa roca moribunda y blanca que consigue casi siempre ese golpe de felicidad y angustia y paranoia y magia y todo eso junto que es todo eso que no entiendo y tampoco quiero pero me gusta. Estoy cayendo de una torre tan alta como la punta de tu nariz, le digo a la hermosa muchacha mientras ese hombre  le introduce el puño por el culo hasta medio antebrazo, ella exclama un grito aterrador y espantoso que yo me rompo luego de ingerir esas seis líneas que escribí en la mesa para los tres, hay demasiado ron y tequila en mis venas que recordar todo lo demás es tan innecesario como terrible. Mi corazón era otra bomba a punto de estallar y mi paranoia me lleva al cuarto de baño; diarrea, arcadas, más diarrea y devuelvo todo lo que no he comido en la semana, baba roja y marrón y algo coagulado que me sorprende tanto hasta asustarme, expulso hasta lo que ya no se puede y vuelvo a la habitación donde el hombre aquel folla desesperadamente a esa radiante chica, yo me limito a observar y a escribir dos líneas más para recomponerme. Dos horas después de tanta mierda y sustancias humanas me duermo como duermen algunos muertos que todavía no mueren, mientras ella sigue quieta a mitad de la habitación, muda como la noche en ese espacio del suelo.

Hola, le digo a la muchacha más hermosa que he visto en mi vida, cerca a la barra en el bar de siempre, me gustas tanto que sería imposible disimular, imagino que no te gustan los tipos feos pero conmigo tendrás que hacer una excepción. Extranjera ella, se limita a sonreír. Luego de dos mojitos y algunas bromas ella se derretía por mí, pero yo ya me había idiotizado por ella; hermosa desde los dientes hasta su risa, y sus rodillas eran ideales para ponerla en cuatro sobre mi cama, el pelo bravo y suelto entre ondas y colores amarillos, el culo aparentemente bien formado dentro de ese vestido verde de puntos blancos. Algunos tequilas y  mojitos después me dice que quiere ir conmigo a donde sea, yo le prometo hasta las cosas que no puedo cumplir y decido ir a casa con ella, antes de salir alguien que no recuerdo del todo me toma por la espalda y brinda con nosotros, tiene la barba negra, espesa y tosca, nos invita una copa con una sustancia marrón que daba ganas de vomitar tan solo olerla, las trufas mágicas que comí dos horas antes hicieron que cayera todo de golpe en ese preciso instante, algo raro había en su bebida pero pecábamos de amables, el techo entero cayó sobre mi mente, se hizo una broma absurda mi alma entera y me derrumbé como se derrumban los amores de verano. Llegamos a casa entre esa violencia del polvo blanco y los efímeros rasguños de las trufas que mezcladas con alcohol me convirtieron en un trozo de mierda tiesa y seca como un puto espantapájaros. Ella quiere acostarse en la cama pero no puede hacerlo sola, temblando y tambaleando me mira con los ojos más lindos del mundo como pidiendo ayuda o que la rescate de ese lugar que yo consideraba el más seguro del mundo; mi habitación en mi propia casa. El hombre de barba espesa, tosca y negra me hace a un lado y le ayuda a recostarse, su vestido verde de puntos blancos es tan hermoso que ver las manos asquerosas de ese imbécil quitándole y no, con torpeza y violencia todo eso que yo quería besar con ternura hasta que el sol vuelva a nacer, me causó  cierta repulsión. Entonces me siento y escribo este poema de mierda que ya no me gusta pero sigo consumiendo, Nick Cave suena en el aire mientras empiezo a convulsionar luego de haber ingerido esas seis líneas de magia que puse sobre la mesa para los tres. Bajo para no regresar nunca más a esa habitación del diablo, justo antes de perderles de vista vi como él le colocaba la polla en la boca a ese ángel de sol y lluvia, entre su no quiero y su déjame por favor, llegaron las arcadas y mi vómito con coágulos y mi baba y el alcohol. Yo permití que todo sucediera y seguí bajando hasta el cuarto de baño. Cuando despierto por fin de todo eso subo a la habitación y ahí seguían ellos, no recuerdo cuánto tiempo pasó pero ella está disfrutando de todo mientras yo veo la piedra de magia que ese amigo mío que tanto quiero me invitó, raspo un poco y escribo dos líneas hasta olvidarme de todo, incluso de mí. Al despertar veo a ese ángel en el suelo, semidesnuda y olvidada. Luego de un  buen rato ella despierta y empieza a vestirse torpemente entre un odio y asco que no olvidará, yo intento preparar algo de comer o de beber pero no puedo ni hacer un café, luego de dos vasos con agua ella se marcha siendo la mujer más hermosa del mundo y yo la veo marchar como el demonio  de mierda más oscuro de todos.

Hola, me responde la muchacha más hermosa del mundo, envuelta en un elegante vestido verde de puntos blancos, cabello entre castaño y rubio, acento español como los dioses y las manos tan delicadas que daba pena querer o pensar solo tocarlas, ella ríe de mis bromas antes del segundo mojito, acaricia mis manos como pidiendo permiso para entrar en mi alma, en esta ciudad hasta los ángeles más puros solo sirven para follar y olvidar. Yo bebo el segundo mojito completamente enamorado de su risa, ella lo sabe perfectamente y sus manos están aferradas a la mía, acomoda su rostro en mi hombro entre su reír lento y apresurado cada cierto rato, luego me mira con esos ojos color pasto y miel haciendo de mis rodillas torpes figuras de papel para recortar. Presumo de su belleza ante mis amigos, grito que es la mujer más hermosa de todo el mundo, levanto mi copa y de la nada aparece un tipo extraño, de barba muy negra y ojos extraños, nos ofrece irnos con él  hasta su hostel, "que la vida es hermosa y entre los tres sería más hermosa todavía", pero ella era única y yo estaba dispuesto a matar por ella, alejo al tipo y llevo a mi Helena, a mi Afrodita, a mi Sirena varada a otro rincón donde mis manos agarraron fuertemente su cintura, y ella se sentía la mujer más segura del mundo porque le ofrecí cosas que no habría podido cumplir nunca. Bebimos luego algunos tequilas porque la felicidad sin tequila no está completa, ella me hizo ver que el mundo era pequeñito dentro de sus ojos, que quería estar de rodillas sobre mi cama para que yo descubra el mar entero desde su espalda, abrirme las puertas de sus tetas de azúcar blanca para que sus pezones como botones se junten con la punta de mi lengua. Solamente para demostrarnos que juntos podríamos inventar un instante mejor, ella se me pegó como nunca nadie se me había pegado, agarró mis mejillas y me besó tan despacio con esa suavidad y ese demorarse de su lengua en mi lengua que lograron en mis pies un hormigueo raro, ¿mariposas en los pies? pensé, y luego ella me sonreía, abría los ojos y lograba que mi corazón deje su órbita para convertirse en un mundo raro que sonaba igual a esa canción de José Alfredo.

Me encantan tus zapatos, le digo, y tu cuello cuando se junta con tu pelo y tus dientes hasta tu risa y tus rodillas, me gustan tus piernas y los movimientos de tu vestido y también cómo tocas mis manos, haces que mis dedos duden de todo y mi sombra me cargue, ella me vuelve a besar y sonríe del modo más maravilloso que no podría describir nunca, venir a encontrar a la mujer más hermosa del mundo en esta ciudad de mierda que nunca duerme, y ella, decía lo mismo, venir desde el otro lado del charco para terminar besando de la manera más sublime al feo más feo del mundo.

Me gustas tanto, le decía, y ella me volvía a besar, me gustas tanto le decía, y recordaba todo eso  que le hice mientras ella se iba por el umbral de la puerta que jamás volverá a cruzar.

Tengo espacio entre mis costillas para tu corazón, me dijo, pero quiero que me lleves a donde tú vayas, hoy, ayer, mañana y siempre... ¿Estás loco?, me preguntó, un poquito, le dije con los dedos, haciendo un espacio pequeñito entre mi índice y mi pulgar. Que yo también voy un poco loca, me dice, y quiero bailar hoy, ayer, mañana y siempre contigo. Éramos magia pura y sombras. Yo había dejado ese polvo blanco hace muchos meses, no quería volver a joder nada en mi vida, nunca más. Luego de algunos mojitos y algunos tequilas algo en mi cuerpo hace que me sienta raro, voy al baño del bar y me cruzo con ese amigo que tanto quiero, me hace un gesto con la nariz y yo niego con la cabeza, ¡ven mierda!, me dice, y me jala hasta el baño donde me empuja con fuerza al interior y cierra la puerta, saca un poco de coca y las llaves de su casa, me ofrece ese un toque, yo no quiero pero sigo mirando con tanta angustia ese polvo hermoso, de verdad no quiero, le vuelvo a decir, pero él me quiere, así que me ofrece más cantidad, yo le pido la llave y me doy cuatro toques tan grandes que mi corazón regresó a su mismo lugar, se agitó mi calma, creció espuma dentro de mi pecho y al salir el mundo era otro, la mujer más hermosa del planeta dejó de ser tan hermosa, ella me preguntaba cada cierto momento a dónde me había marchado, que mi alegría había dejado su alegría, que me siente, que beba un poco de agua, que cuidaría de mí y que ella me prepararía algo de comer a la mañana, que me besará de maneras maravillosas y desayunaremos juntos, abrazados y desnudos pero muy abrigados porque en esta ciudad de mierda que nunca duerme hace mucho frío

Veo desaparecer parte del brazo de ese sucio hombre en la mujer más impoluta del mundo y mi alma se rompe en mil pedazos, no podré reconstruirte nunca, le susurro, ella se irá sin mí como yo nunca antes me he ido, y sé que jamás volveré a cruzarme con ella, ella que me ofreció cosas que posiblemente cumpliría, rota a la mitad como toda mi alma junta se irá, a ese lugar de donde yo no podré salir nunca.

Hola guapo, me dice la mujer más hermosa del mundo. Generalmente no me gustan los tipos feos, pero contigo haré una excepción.


A Ingrid Toro-J. for sentimental reasons.



El viajante.

He tomado un viaje con los ojos vendados
de cansado y bobo, sin rumbo y con mucha torpeza
mi trabajo es tan bueno que lo detesto
soy como una estrella
siempre llego tarde
está cerrado el bar de la esquina pero te gusta jugar a ser mi guitarra,
me corto los brazos para poder pintar tu vestido roto por la mitad

pan y carne
fantasmas bajo la cama
mujeres adictas al sexo y sustancias hermosas que inventaron los hombres

¿a dónde mierda he llegado?



Ojos azules como la noche.

Me gustan tus rodillas adornando el suelo
mientras mi falo es una flor gigante
goteando como un muerto dentro de tu boca
mientras mis manos
como tentáculos interrumpen tus adentros
tus bragas negras caen
como pétalo de una flor que se muere
tu sujetador también cae
como soldado que ya muerto aún no toca el suelo.

Me gustan tus pezones
como un pálido rosado sobre la noche de mis dedos
dulces como recuerdos de mi puta niñez
sabor a mango, fresa y nubes de algodón

me gustan tus dedos dentro de mi ano
es como despertar luego de la pesadilla
o despertar tal vez
con una espina entre mis índices


me gusta esa bebida fría que tanto preparas
en noches como esta donde nadie duerme
me gusta


y cuando todo el paisaje está pintado de azul con ese repugnante amarillo matutino
los telones se abrazan
el teatro se acaba y la fantasía se duerme
alguien monta todo ese circo que es la vida, lo sube en un coche y regresa a su ciudad
pero en este instante tus rodillas seguirán  aferradas al suelo.

Me gusta tu culo encendido
bajo mis palmas dentro de tu falda larga
te conocí esta noche y todas las noches
el ron es blanco por naturaleza, me dices
y me dejas tocar tu sexo húmedo mientras tu lengua muerde mi lengua
hasta que pides enojada que moje con ese odio de mis adentros tus honduras todas
solo para calmar tu rara sed y puedas recoger tus rodillas enrojecidas del parqué recién encerado, para luego irnos a dormir por separado porque mañana no puedes perder ese vuelo de regreso a tu ciudad.



Los demonios cayeron del cielo.

Tus tetas, en mis palmas de medio día.
¡Oh frágil luz de la vida!
dentro de tu iris impongo
esta pesadilla con mi pulgar
y algo blanquecino brota
como un charco
de algo que no quiero tocar
¡peste inmunda tu mitad mojada!
tu espina floja
tus dedos necios
algo en tu lengua me gusta
y ahora
que mi falo sabe de ese espacio ajustado entre tus dientes
he preferido olvidarte
dejando tu peste y esa humedad dentro de tus ojos.

Y metí mi mano en ese pantalón lento de tus caderas
que se escondieron ahí como negros que le temen a la luz 
y tu chompa nada moderna
y tus besos mediocres
y tus palmas sobre mis palmas
y tu sexo tan junto a mi sexo
separados por ese pantalón breve.

Recuerdo las noches
los días y todas esas tardes
cuando con mis manos
me apoderaba de todo eso que era tan tuyo
de todo eso que era solo tuyo,
y la luz en tu mitad
esa luz descarada de tu mitad
alumbraba lo más profundo de mi lengua
lo más recóndito de mi lengua
en donde las heridas duermen
como pesadillas que tus índices destrozan en mi sien.

¡Oh maldad de tus ojos tostados!
del sueño que asusta.

¡Oh esperma recorriendo tus profundidades!
a veces los miedos más grandes son pocos segundos derramándose dentro de ti,
hasta limpiarte.

Entonces tu boca come mi falo entero
cubierto por piel sin sentimiento
cubierto por casi nada
con sabor a espanto y soledad
sin caucho o melancolía,
y tus cabellos
y tu espalda
y toda tu espina
rendida ante mi grandeza
agotada ante todo esto que es mi grandeza.

Oh rayos de sol,
rayos de sol en la ventana
que se confunden con la noche
con tus ojos modernos
con esa espina en tu dorsal
rayos de sol en toda mi ventana
rayos de sol sobre mi gato,

rayos de sol sobre estas líneas que brillarán en un momento dentro de mi nariz deforme.



Monomanía. 


A veces cuando te quiero empiezo a olvidarte

olvidarte como olvidamos aquellas camas donde tantas veces cogimos
olvidar ese viaje que nunca empezamos donde tontas veces hicimos el amor.

Sacar de mi mente todas las noches que besé tu cuerpo,
quitándote las ropas cada mañana para correrme
en todo eso perfecto con piel y huesos que eras tú,

olvidar,

todas las veces que te mentí
cuando decía que eras la mujer más hermosa del mundo
y si lo eras pues no debí creérmelo tanto.

A veces cuando te quiero,
ya no te quiero,
y a veces,

sólo a veces,

cuando intento olvidarte,
no logro olvidarte,

y llegan a mi cabeza todos los centímetros que recorrimos juntos,
a pie o en coche, volando o arrastrándonos, hasta por debajo del agua
bajo ese sol insolente que quemó tu piel de chocolate blanco,
o sobre esa lluvia de coco que tantas veces peinó tu pelo desordenado,
mientras yo me escondía en el triángulo húmedo de tus piernas.

A veces cuando te quiero ya no te quiero

y es tanto,
que olvido todas las veces que te besé
en calles que recuerdo muy poco.

A veces cuando te olvido,

te quiero,

de tal manera que no puedo sacarte de mi mente,
aún cuando ya te he olvidado.

Y llegan esos recuerdos pequeños que dejaste en mi cama y en todas las camas,
tus plumas de puta junto a mis pies mientras comías de mala manera mi falo,
a  veces cuando te olvido ya no puedo olvidarte
porque empiezo a quererte con esa locura que hacía de nosotros dos niños de treinta años,

intentando recuperar esa felicidad que habíamos dejado atrás de nosotros,

donde alguien nos esperaba,
donde alguien ya nos adoraba con locura.

Mientras olvido todo nuestro pasado,
pocas veces te olvido

y llegas a mi mente,

caminando desnuda esa isla en ese lugar de mierda que tanto odiaba

donde te quité esas prendas de lana y algodón y seda

y donde el frío, hacía de nuestras sombras
animales quemándose entre sí,
como dos felinos luego de follar,

peleando entre zarpazos de sangre y baba para conseguir un poco de calor
o ese hotel tan fino que vio desde la recepción hasta la puerta de nuestra habitación como iba quitándote las ropas, y al llegar por fin te arrodillé y agarrando tu cabeza con violencia hice que me chuparas la pinga, tu baba era única como esa lengua roja como mi pelo, es verdad, aún recuerdo como tomabas con tu diestra mi falo y me chupabas los huevos hasta dolerme

ahora ya no recuerdo quién eras o quién era yo
solo tengo en la memoria tu baba y tu boca comiéndome de mala manera la polla para conseguir así un poco de cariño.



Al vientre de Beatrice.

Tallé mi nombre dentro de esa quietud en tu rara pintura

cuando tus hermanas no sabían regresar temprano
y tu madre
         adorando mi espacio todavía
  
nos dejaba un poco de paz en tu cocina
en tu sofá
en tu baño
en la sala de estar y en todo eso que era tu habitación de rabia y óleos y aromas y veranos
de aceites y carboncillos y poemas que tristemente te escribí
cicatrices que no curamos en nuestras bocas de crueles desengaños

crueles como esas pinturas que tanto adoraste
decoradas con ese rojo sangre y negro malo

o esos toques azules de tus reses muertas,

me enamoré de esa pornografía barata de mis mañanas

de esos besos que antojada me robabas

mientras mi falo

cada tarde cuando no estabas

se apoderaba de esa muchacha de piel tostada
que era otra pintura

otro paisaje

un aceite que se quemó en mi habitación donde me dejaste algunos dibujos

en esa habitación donde te traicioné tantas veces

todas las veces
cuando no adoraba a nadie todavía.

Tallé mi sombra

en tu vientre plano y dorado y pequeño

sobre todo pequeño

y mira ahora

tanto años después
sigo recordándolo todavía.



Hay futuros peores.

Cambiamos los poemas por los relojes de pulsera

y las palabras por un paso de cebra

el espacio muere cuando un taxista avanza
y las mujeres llevan tacones hasta olvidar sus huellas

dejamos en la nevera romances pasajeros

enfriándose para que dejen de doler

como los besos que hasta ahora no podrás olvidar pero que ya olvidaste


cambiamos los vaqueros por pantalones de vestir y los vestidos ya no danzan con el viento

las alarmas son asesinas y las bocinas también

puedo jurar que te quitan el alma,

y somos muertos andantes

gigantes cansados

quizá algún muchacho tenga un poco de alegría para regalar

pero hace falta dinero y un poco de coca

para enfermarte de amor o viajar.

Pero olvidarte para recordar

alguna vez

quizá

que todo esto fue real,

tus manos junto a mis manos
hasta dolerme.



Con los ojos bien abiertos.

Muerto
o casi
en mi oscura habitación
rota como todas esas mujeres que siempre se largaron de aquí,
veo ángeles pasar
algunos tienen olor a gasolina
a tristeza quemada
o llagas en la nariz.

Y digo
basta
y grito
¡BASTA!

Pero no
hay algo en esos ángeles
algo que se queda conmigo
cuando todas esas mujeres se han ido.

Y justifico cada línea de este libro que ya no soy
de esta cosa
de trapo viejo
de ventana rota
con trajes de enfermera
secándose justo en mi nariz.

En ese momento lo ángeles desaparecen
no hay magia en mi acto inútil
tengo los ojos tan abiertos como el sol
tan abiertos
que llega ese entero instante tuyo
y me apago.


Hay algo que te tengo que contar.
Arranqué mi lengua
para poder susurrarte esto de cerca
nunca llegaré a quererte, te digo
luego
te marchas.



Paranoia.

Tus fantasmas me siguen
hacen de mis miedos gigantes dentro de tu palma
y te ríes
de lo que has logrado en mi figura
en mis huesos
en este dormir de mis rodillas.

Tus muertos
cuando en mis mejillas nacen me siguen
logran revivir
todo eso que tú eres
y festejas
y te ríes
cuando tus orgasmos terminan en mis rodillas.


sábado, 2 de marzo de 2019

Dos cuentos a un amigo y algunos poemas



"Lo divino mira a Dios, lo humano mira al hombre. Mi causa no es divina ni humana, no es ni lo verdadero, ni lo bueno, ni lo justo, ni lo libre, es lo mío, no es general, sino única, como yo soy único. 
Nada está por encima de mí."
["El único y su propiedad”, Introducción, de Max Stirner]


El diablo es sabio por diablo.

"Si quieres hacer bien las cosas debes empezar desde abajo." Nos decía ese hombre que lo había perdido todo tantas veces, tontas veces, todas las veces. Sentado en la cabecera de la mesa donde era el mismísimo rey del mundo, con su copa de whisky a un lado, claro, le escuchaba yo, un adolescente imbécil que creía que se lo merecía todo. 

Con una novia que sabía preparar la cama de una manera que ni los hoteles de cinco estrellas superarían, algo bonita y perfecta nariz de carácter jodido pero no. Con una traición o dos como amigo que aguantaba todas mis borracheras cuando no queríamos estar tan borrachos y, con las pocas amantes que un muchacho imbécil que creía que lo merecía todo podría tener, ellas que me chuparon la pinga de maneras que hasta ahora no logro olvidar. La verdad no estaba tan jodido, por las tardes mientras abría una cerveza intentaba ser un poco menos infeliz y a veces lo conseguía.

A veces pienso que la noche es parte de un chiste cruel, como la vida o ese susurro de los muertos que nos persiguen, por ratos te dan tregua pero por otros no, de todos modos luego de llevarme a caminar con ellos siempre me mostraban el camino hasta tu casa.

Apenas quiero levantarme de esta cama tan incómoda pero me levanto, acomodo mis húmeros y me pongo las rodillas a la mala como ese hermoso Santiaguino, un café o menos, a veces alguna cerveza o dos o tres e incontables pajas. Apenas estoy regresando de aquel lugar de donde hasta las ballenas más viejas no intentaban volver, ¿qué más daba si allá se estaba más o menos bien?

Hoy me cuidan dos ángeles que todavía no me asesinan, siento el sol más amarillo por las noches que a medio día, ya no fumo por principios ajenos y empecé a dejar las malas costumbres que tomé de la buena vida porque maltrataban mucho. Me empezó a gustar un poco la mar mientras tuviera los pies cubiertos, es algo que no soporto, arena seca luego de mojarte los pies con agua y sal es como cerveza al tiempo en esta ciudad de mierda que se llevó hasta la letra f de mi teclado. Sí, estoy regresando de ese camino de elefantes que no tiene vuelta, bajo el sol de tu pelo moreno y tus piernas azules y esos esqueletos de gigantes.

Creo que me siento un poco triste, por ratos me gustaría gritar como Al Pacino en el Padrino III, en absoluto silencio sobre esas frías escaleras casi rodando sin vida y con el corazón atascado en la garganta, viendo caer derrotada a la mujer que más amaba en este mundo de sangre, baba y semen, sí, quizá también estoy un poco deprimido, ¡mierda! ¿me traes una cerveza?

Tus sujetadores son como flores en mis índices luego de cogerte tres veces, como tus rodillas que rojas iluminaban mis espacios desde allá abajo,
entonces empezabas a llorar
...
pienso que ya no podías más con todo eso, lo noté muy lento luego de ver tu cara de puta cuando te corrías sobre mí

definitivamente iré al sótano por otra cerveza en esta casa de mierda, es mi manera de empezar.



Se llamaba Soledá.

Y se llamaba Soledá
con su tristeza en la O
esa felicidá de la gente en las fiestas y la noche.

Y si la risa era jajaja
la pena volvía no no no.

Y se llamaba como tú
con todas tus amigas juntas
porque hasta en un cactus las espinas
aparecen por acompañar solamente
no para embellecer más su flor. Solo quería decirte eso, hija de puta. Le dije a la hija de puta que me rompió el corazón una sola vez luego que yo rompiera el suyo todas nuestras veces, así como ese culo tan hermoso y apretado dentro de sus blue jeans o bajo sus vestidos de flores en esos veranos limeños que hasta ahora no he vuelto a querer en nadie. Solo quería decirte eso, hija de puta, le dije a esa muchacha que adoré con locura tantas veces, tontas veces, todas las veces. Llevabas aún el pelo corto, las piernas largas, un poco de tristeza en los ojos y toda la felicidá del mundo entre los dientes.

A veces pienso en tu larga sonrisa como tu soledá larga que a veces también regresa, y aunque ya no me suicido por ti me jode que primero llegue a mi mente eso y luego tu culo apretado y hermoso. Dejé de preparar tereré, eso fue un gran comienzo, mientras escucho a un perro ladrar bebo un poco de mate caliente y sigo escribiendo. 

¡Mierda!, hace tanto frío que podría tomar un poquitito de whiskey, miro la botella un rato mientras Hubert Sumlin canta Sometimes I´m right y me meto en lo más hondo de esa botella, me gusta nadar ahí, siento como si me cargara alguien. 

Ojalá, 
y cuando las palomas se vayan de esta plaza entre azul y moreno y amarillo y blanco donde con sus viejas bancas y sus broncas y sus meadas y sus perros y sus borrachos, el sol aún se agacha tranquilo.
Una rubia pasea moviendo las caderas al son del frío en esta ciudad de mierda que nunca duerme, me dices que el mundo es cada vez más raro, que Chabela lo dice, y dices también que las ilusiones y el amor son conversaciones entre el sol y el cielo entero que ya no suceden.

Intento hacerte caso pero no, estoy demasiado drogado o asustado que es lo mismo, y me das tanto miedo, miedo de muerte, miedo físico, sí, todos los miedos. Decido marcharme mientras suena el blues del Bosón de Higgs, y aunque extrañaré tus toallas siempre tibias y tus pies siempre fríos, pienso que fuimos igual de fuertes que esas torres gemelas allá en Nueva York. Así lo dijo ese asturiano que tanto adoramos después del tiempo de las cerezas en ese septiembre del 2006. Por eso me marcho, con mi yo, con mi mí, conmigo, así me marcho de todo esto que eras tú.

Entonces el mundo se detuvo, todo ese tráfico que es la vida se detuvo, todo parecía una casa con sus familiares adentro, al borde de una mesa donde una ensalada de fideos, un buen corte de carne y una botella de vino tinto iluminaban las tetas de aquella prima que hacía del mundo algo tan perfecto que se detuvo completamente. El pan es maravilloso, pensé.

Yo aprendí a amarla con locura mientras ella solo se desenamoraba de mí, entonces llegó la torpe tarde y la sangre y su baba y mi semen y algunas pipas de hachís, con sus medias siempre puestas porque sus pies eran más fríos que los míos, sí, llegó esa tarde donde te pusiste medio Pedro y me negaste casi dos veces mientras yo metía la mano en el escote de esa hermosa prima de piel tostada por el sol, sí, al día siguiente ya nada importaba y el mundo volvió a girar. Aprendí a olvidarte en cada lengua y toqué cada clítoris que pude y empecé a beber café y dejé el hachís por cosas más fuertes y, el mundo siguió girando como giraba tu lengua alrededor de mi falo para calmarme. Pienso de qué color será el interior de tus ojos, en mi mente meto mis pulgares en la órbita de tus iris solo para saberlo, pero mi eyacular es tan intenso que olvido que mis rodillas no son tan fuertes. Me gustas hoy más que ayer, te digo, pero tú sabes que nunca te quise como a ella.

Tengo el cuerpo hecho mierda, la cara gastada, carajo, esta cerveza se calienta un poco más rápido que la anterior. Ya no me gusta dormir contigo, quieres que te coma la concha mientras tú intentas dormir. Tengo las puntas de los dedos algo cansados, te digo, y me gustaría que me comas el falo de esa manera que solo saben hacerlo los  hombres, que me descoloques las rodillas hasta que los dedos de mis pies se desvanezcan, quitarme los húmeros para quedarme a tu lado por siempre. Demoro un minuto y ya estás dormida, no es hermoso verte dormir, eres como una canción mal hecha, tú sabes; una buena letra, un buen sonido, y esa mierda que cuenta Joaquín que nadie sabe qué es pero que es lo único que importa.

Me gusta mucho el café y este día de mierda donde nada sucede no tanto, te digo mientras intruduzco mis dedos en tu concha,

y te mojas
                 y te mojas

     pero no despiertas.



Hoy no me gustaría salir de la cama.

Te gustaba mucho mi pinga curvada
quedabas sorda de tanto chuparla
y cuando por fin te rompía desde adentro
tus gritos eran tan torpes que yo no sabía
tu pelo corto y tu culo redondo me llevaron a ti
tú menor que yo y yo más imbécil que tú
recuerdo esa tarde que llegamos a casa,
trepamos en mi cama
me colocaste un preservativo que llevaba siempre en la billetera y luego de chupármela un rato te montaste en todo eso que era mi ser entero y te la metiste entre tus piernas,
volviste a chupármela de un modo que yo aún no conocía y te la metiste nuevamente en tu concha caliente, luego me besabas con tu sal y tus profundidades y tus secretos
me ahogabas de una manera tan sublime que a veces me dejo caer recordando eso
tú siempre mojada como un avión bajo la lluvia
yo más imbécil que tú
y nos cansábamos y no
y nos apagábamos y no
y nos íbamos y no
hasta desaparecer cada uno en una dirección

tal vez nos volvamos a cruzar algún día, pero no ahora.


El tiempo de las cerezas nunca llega a noviembre.

Catorce de febrero
noche lluviosa
una fiesta desenfrenada en esa ciudad de mierda
me fui y luego me llamaste por teléfono
dos palabras tuyas y estaba frente a ti
un taxi
un bar
dos whiskys y mi cama
tú de interiores negros y yo de desnudo soberbio pero blanco como esa cosa que metía dentro de mí
entre tu "esto no está bien" y mi falo rozando tu concha
tus tetas de goma se dejaban manosear por ese quemarse rápido de mis manos
te movías de una manera que yo ya no podía, quería correrme en todas tus bocas juntas
pero tu lengua fue tan amorosa
se quedó en mi mitad todo lo que un sueño dura
y te giraste para dejarme ver tu espalda iluminada en ese apagarse de mi habitación
y desde ahí
suplicabas que te llame por su nombre
-sí
ella será siempre a la que más quisimos, dijiste-
y acabé dentro de ti.



Me volvería a equivocar otra vez.

Me gustaba ver las horas pasar mientras te miraba
tú eras hermosa
ahí abajo
bella y radiante entre mis piernas con tu lengua mutilando mis sobras y todas las sombras de mi falo
y tus ojos en mis ojos
como pidiendo un poco de caridad
como suplicando una buena calificación o misericordia.


Yo que hice sangrar tu concha virgen en el único baño de tu casa cuando tu hermana dormía
tú que intentabas bajar tus interiores grises para que mi falo entero rompa esa pared de un solo romperse
y cuando escuchamos eso que escuchamos
paramos todo eso que todavía no manejábamos tan bien
yo iba a mil y tú ya regresabas
entonces guardé mi falo dentro de mi pantalón mientras tú me pedías que siga
y yo seguía pero no
y tú regresabas pero no
y nos apagamos.

Me gustaba ver las horas pasar mientras me mirabas...


Algodón.

La primera falda que quité fue la tuya, yo te miraba desde tu sofá
tú desde tus escaleras la levantabas muy despacio mientras tu madre preparaba la cena apurada
con esos ojos de puta y la cara de arrecha lograste en mí una erección en cinco segundos
me acerqué y me dejaste meter mis dedos en tu concha
estabas húmeda como una flor de inverno
cerraste los ojos y te doblaste
segundos después recapacitaste
tu madre hacía la cena muy cerca
yo lamí mis dedos y tus ojos se rompieron de una manera única
hoy te romperé el culo, dije con los ojos sin decirte nada
y tú me miraste como ya sabiendo que te iba a romper el culo.

Cenamos al rato y tu madre subió como siempre a su habitación
una película que no recuerdo en la tele y mis dedos entre tu concha y tu ano
tú arrodillada en el sofá me dabas la espalda para que yo te coja desde atrás
una mano mía tocaba tu concha y la otra seguía entretenida en ese hueco apretado
tú rota como una flor de verano caíste al suelo
esperando que meta todo eso que era mi juventud entera dentro de ese espacio tan ajustado
y sucedió
tú sufrías entre tu me gusta y me duele
entre tu no pares y no sigas
yo empujando entre mi baba y mi locura
entre lo marrón y lo ajustado
siete segundos después exploté a mitad de camino
tú quedaste rota doce segundos mientras yo intentaba detener ese temblor raro de tus piernas
luego te colgaste de mí y me besaste entre tu baba y mi baba
sal rota con sabor a pies y fruta
estabas loca
yo un poco sordo,
pienso que tu madre supo todo lo que hicimos esa noche en esa sala que tantas veces nos vio apagarnos, a veces hasta pienso que ella se tocaba mientras nosotros comprendíamos que la juventud era descarada, así como ella nos lo decía siempre que nos preparaba la cena para irse corriendo a su habitación. ¡Infección de mierda al día siguiente!



Caricia para un muerto.

Tu boca es una cruz
un largo sentimiento de tristeza
y cuando cae la lluvia
el suelo es una mueca tuya.

Lluvia insignificante
como todas esas madres que me abandonaron,


hay un puente y pienso saltarlo
brilla más que un sol o dos

lleva una luz que se apaga justo en mi garganta
es un gran puente
y cuando lo salto
se apaga justo en mi garganta.

Escucho tu voz
cuando dentro de ti
despierto como un muerto

frío
tan frío
que soy esa mueca dentro de ti.


Pajarillo azul.

Tengo un muerto dentro de mí que no puedo matar
intento
intento pero no puedo

pienso que es más fuerte que yo
sí, es más fuerte que yo

¡inmortal e inmoral!

Hay un muerto dentro de mí que no puedo asesinar

le lanzo veneno
mujeres que no se pueden contar
historias oscuras y algo de cocaína


le llenan de caricias todas esas brujas que se apropiaron de mi alma


es un muerto con forma de mujer o algún animal parecido

un muerto que no quiere morir

y está dentro de mi alma

justo ahí
en esa esquina que no importa
en ese lugar casi muerto

duerme y comparte sus pesadillas conmigo
despierta y no quiere morir
ojalá se quede quieto mucho tiempo
como ausente
para que así deje de hacer falta.