Da miedo respirar cuando se está bajo el agua.
La flor como espía
padece por culpa de la pupila
y asusta a todo ser que pasa
como una muerte estupenda
como caricia de la monja bajo su enagua.
La flor es una abertura
horrenda como la nada
y cuando por fin la liberamos de su tallo
algo desde el fondo exige su belleza
y dice:
No tomarás lo que no es tuyo sin antes haber muerto.
La flor es un tufo
como vinagre y bilis mezclados con besos
agrios mimos de una boca
y la flor se hace ceniza y ésta se desvanece y dice:
No soy hermosa por placer, es la maldición cuando se proviene de la tierra.
La flor aprecia tu espacio
y lo sentencia hasta que tu ojo se rasgue
llorando cadáveres y lamentos
escupiendo con ese actuar escandaloso todas las vidas.
La flor es una herida
roja y blanca y negra y torpe
divertida como un funeral de verano
que se oferta entre vísceras y matorrales
como su pétalo repugnante
hediondo retal de una humanidad mediocre.
La flor es un pesar que humilla
a la que tal vez se jacte de poseerla
y cuando ya la noche se haga eterna
esputará su sudor y hará del salón
algo que parece esconderse de un cielo
roto y asqueroso a la vez.
