martes, 1 de julio de 2014

Resituación



Hablando sobre la música en la vida, llegué hasta aquí...





Indefensos.

La carne caía de mis manos,
frágil
frágil es la voz de los que sufren
herida tras herida
golpe tras golpe
quedan solamente
sien y baba sobre el parqué.


Actores poco memorables.

Caín en mi quijada
o Pedro ladrando
o Jesús que no sabe volver
o Adolfo como algo común
o Stalin masturbándose
o George abriendo las piernas,
son como Nerón en mi ano.
Y Jesús que no vuelve
o es que jamás se marchó.


Polvorado.

Una muchacha me comentó un día de abril,
que los besos son como músculos
tarde o temprano se deforman.
Han pasado catorce años,
ella sigue sola
año tras año sus formas cambian
pobre
su boca sigue siendo igual de hermosa
como hace catorce años.


Rapaza de San Antolín.

Carne de vaca
o perro devorando a otro perro
pan duro para mañana,
son
sólo carne de vaca.


Ciudad vampira.

Yo no era un buen hombre
quizá sólo la mitad de uno
justo al borde
justo al final,
es tarde para dar marcha atrás
cuando el arma del abuelo me mira fijamente.
Yo no era un buen hijo
quizá sólo la mitad de uno
casi abandonado
casi desterrado
es muy tarde para decirle no a esa muchacha
sí
ella da un suspiro
con un estruendoso grito
y en mi cara deja un vacío donde antes había algo.


 Runrún.

Tengo mis penas dentro de una copa
botella y botella dejo de contar
¡No somos humanos!
-grita un hombre
¿entonces dime qué soy?
sólo un niño baboso en su copa de licor.

Hay dos veranos que tengo en la mente
en uno sufro y en otro hay muerte,
ya no somos tan gigantes
ya no hay vida ni amor
sólo dos copas de este asqueroso licor.


El campo está roto,
como tu corazón
y los niños vuelan con químicos y algo que llaman amor.
Hay elefantes en la habitación,
devoran sus sombras y están muy flacos
débiles y tan hermosos
sin tu lentitud.


Adolfo suicide.

Y tus sombras de esas sombras
hicieron de mí
un traje absurdo
como niños que corren dentro de la casa
a salvo
o en peligro
pero en casa.



Luz de agosto en Gijón.

Me gusta poner una película y quedarme dormido
que llegues con pan tibio y ese aroma a vivo
que pongas frutas sobre la mesa
y que los niños que no tenemos corran por la casa.

Me gusta pisar la arena mojada cuando no hay lluvia
que ese olor a sucio entre por la ventana
que los discos que te gustan no anden
y que tu alegría no me toque por las noches.

Me gusta recordarte los domingos
y dejar de caminar cuando llegas a mis rodillas
y dejar de hablar cuando llegas a mi boca
que ese tiempo que tenemos juntos
valga más que 200 dólares
cuando me gustas.


Libertariana song.

Una canción de Nick Cave
tus bragas bajo el colchón
dios muere en la cocina
cuando sólo tú y yo somos felices.
Odio la forma de tus tetas cuando me miras
es como una flama
una flama inmensa que me consume
desde los pies hasta el fondo de mi cabeza,
entonces me doblo sobre la cama
y tus tetas rebotan sobre el clima
y hacen de la luz de esta habitación ecos
ecos que no regresan,
tus manos son torpe ideas
están heridas por tu mente retorcida
y sangran a veces
y otras me duelen
entonces te despierto
antes de quitar esa jeringa que besa tu piel
y me miras
hasta lo más profundo de mi vida
que es poca hondura
y te miro
con los ojos casi sangrando
entonces pongo la misma canción de Nick Cave
escondo tus bragas bajo el colchón
y dios sigue muriendo en la cocina
cuanto tú y yo somos felices.


Un día usted morirá.

Ya no sé
si la vida es sólo ese instante entre tus piernas
o tu lengua acariciando mi alma,
ya no sé
si pesa más la arrogancia o tu multitud
si la inocencia de tus tacos
fueron escote y rímel en tu alma
o si la calle vacía significa que todos duermen
o que la guerra ha llegado a esta ciudad
ya no sé
ya no sé si tu prisa por volver
es para marcharte de mí
ya no sé.


La vida manca.

Yo soy la grandeza
la que golpea
la que folla con todos los hombres del mundo
y la nada
la polla herida
la hechicera sin pociones
eso también soy
como un desfile sin multitud
con las piernas abiertas
con los clientes fuera
sí
la puta
la vida
eso.



Con el permiso de Nacho Vegas, esto. 


lunes, 9 de junio de 2014

Los ángeles eternos





Y si la mañana llegara, vacía, sin nada de vida, entonces sabría lo mucho que he vivido.






El ángel número uno.

Tuerta y débil, 
la encontré
como un can que ya muriendo
se entera que jamás debió amar al hombre.



Relato corto I

Los campos que fueron verdes, en meses de invierno se creen soles tuertos, dorados y encendidos, sin perdonar al viento, sin pedir agua para la sombra, y todo lo que fue hermoso, parece una tumba sobre tu espina. Cada mañana, te levantas de la cama y mueves las caderas con la resaca de la vida, tus tetas son dos cubos de hielo, porque hasta la nariz desaparece, y los ojos se achican, y las manos se parten, en estos meses, cuando todo se cubre de un blanco puro a primeras horas de la mañana, para derretirse después, para esfumarse después, así, como una copa de whisky en las rocas, que ya tarde, sólo quedan restos de eso que hace bello a la humanidad. Entonces le dije, desde la cama, que regrese hasta mi boca, y ella así lo hizo, porque yo era el dios de todas sus vidas, y ella para mí, la sombra de mi alma, algo así como las culpas que todavía no se perdonan, o mejor, heridas que no cierran. Luego de regalarme algunas palabras dentro de mi lengua, y mis manos quedaran grabadas en sus nalgas, se retiraba al cuarto de baño para borrar mis huellas todas. En nuestros oídos llovía café y el campo así se quedaba, entonces regresaba ella toda húmeda, con sus tetas modernas y su culo sin huellas, venía hasta mi cráneo, donde yo le esperaba con algo más dulce que la miel, porque en sus ojos yo lo veía todo, y desde sus ojos, me enamoraba de mi grandeza. Así lo que duró el invierno, porque para cuando todo se volvía verde, su alma dejó de ser una roca fuerte para convertirse en polvo, algo así como una flor que se acaba, o un ángel que debe morirse, no lo sé, pero fueron más frías mis noches de verano, aún sus días, que ese terrible invierno tibio. Sé que mi vida es una llaga que jamás sanará, es decir, que seguiré adorando la sombra de aquella mujer lo que duran algunas vidas. Por capricho divino solamente, de ese demonio llamado dios.



El ángel número dos.

Los días son, 
pesadas sombras
como noches de angustia
de carne y flor
de boca
y nada.

Ella llegó, 
llena de penas
con las tetas hechas dos letras
y más huesos que culo
pero llegó
y en sus pestañas ese rímel eterno
y en su boca ese aroma a viento
y en sus manos
las garras que adorábamos todos.



Relato corto II

Yo deduje, dentro de esa mujer algunas de mis explosiones, furiosas como gigantes mares estrellándose entre sí, y luego de unos instantes, toda mi fortaleza se resumía a un gemido solamente, cerca de su oído derecho, donde ella recogía mi lengua con su boca, unos instantes después. Como grandes torres aprendimos a caer, y nos regresaba el suelo las caricias que alguna vez le robamos. Y ella gira, y yo me detengo, y ella gira, y yo no sigo, y ella se marcha. 

Hay días que me acuerdo de su prisa, cuando mi boca hace un gesto parecido a una pesadilla, es entonces que mi rabia se estremece dentro de mi puño, ya cerrado, chocando contra un muro que es la nada. Sé que todo es igual al pasado, y mis manos ya no se amoldan a la cintura de una mujer, son los años que pesan, o la vida que no pasa, porque los ángeles se quedan ángeles, hermosos y jóvenes, mientras nosotros, nos arrugamos como papel para fumar, y nos fumamos, y nos apagamos, así, es el resumen de una vida.



El ángel número tres.

Hermosa y única
como circo con fieras que devoran hombres
como boda sin niños alborotados
así era ella
única
y hermosa
como ríos que se secan luego de la lluvia
como aves incendiándose entre los árboles.

Algunos hombres contaban que sus besos no se compraban
sólo ese pequeño espacio entre sus piernas
sólo ese terrible sustento de vida;
gastado,
herido,
desgarrado,
era suficiente ese pequeño espacio
para jamás olvidarle.

Hermosa y única
como potros que mueren desangrados bajo la sombra
como animales que jamás regresan para sentir frío
así
única
hermosa
era ella
cuando me miraba desde la ventana,
todas las tardes
antes de cerrarla.

Dormí algunas noches con ella
cuando ella era mi mano
así
cuando todo dejaba de existir
justo antes de cerrarme.