sábado, 2 de marzo de 2019

Dos cuentos a un amigo y algunos poemas



"Lo divino mira a Dios, lo humano mira al hombre. Mi causa no es divina ni humana, no es ni lo verdadero, ni lo bueno, ni lo justo, ni lo libre, es lo mío, no es general, sino única, como yo soy único. 
Nada está por encima de mí."
["El único y su propiedad”, Introducción, de Max Stirner]


El diablo es sabio por diablo.

"Si quieres hacer bien las cosas debes empezar desde abajo." Nos decía ese hombre que lo había perdido todo tantas veces, tontas veces, todas las veces. Sentado en la cabecera de la mesa donde era el mismísimo rey del mundo, con su copa de whisky a un lado, claro, le escuchaba yo, un adolescente imbécil que creía que se lo merecía todo. 

Con una novia que sabía preparar la cama de una manera que ni los hoteles de cinco estrellas superarían, algo bonita y perfecta nariz de carácter jodido pero no. Con una traición o dos como amigo que aguantaba todas mis borracheras cuando no queríamos estar tan borrachos y, con las pocas amantes que un muchacho imbécil que creía que lo merecía todo podría tener, ellas que me chuparon la pinga de maneras que hasta ahora no logro olvidar. La verdad no estaba tan jodido, por las tardes mientras abría una cerveza intentaba ser un poco menos infeliz y a veces lo conseguía.

A veces pienso que la noche es parte de un chiste cruel, como la vida o ese susurro de los muertos que nos persiguen, por ratos te dan tregua pero por otros no, de todos modos luego de llevarme a caminar con ellos siempre me mostraban el camino hasta tu casa.

Apenas quiero levantarme de esta cama tan incómoda pero me levanto, acomodo mis húmeros y me pongo las rodillas a la mala como ese hermoso Santiaguino, un café o menos, a veces alguna cerveza o dos o tres e incontables pajas. Apenas estoy regresando de aquel lugar de donde hasta las ballenas más viejas no intentaban volver, ¿qué más daba si allá se estaba más o menos bien?

Hoy me cuidan dos ángeles que todavía no me asesinan, siento el sol más amarillo por las noches que a medio día, ya no fumo por principios ajenos y empecé a dejar las malas costumbres que tomé de la buena vida porque maltrataban mucho. Me empezó a gustar un poco la mar mientras tuviera los pies cubiertos, es algo que no soporto, arena seca luego de mojarte los pies con agua y sal es como cerveza al tiempo en esta ciudad de mierda que se llevó hasta la letra f de mi teclado. Sí, estoy regresando de ese camino de elefantes que no tiene vuelta, bajo el sol de tu pelo moreno y tus piernas azules y esos esqueletos de gigantes.

Creo que me siento un poco triste, por ratos me gustaría gritar como Al Pacino en el Padrino III, en absoluto silencio sobre esas frías escaleras casi rodando sin vida y con el corazón atascado en la garganta, viendo caer derrotada a la mujer que más amaba en este mundo de sangre, baba y semen, sí, quizá también estoy un poco deprimido, ¡mierda! ¿me traes una cerveza?

Tus sujetadores son como flores en mis índices luego de cogerte tres veces, como tus rodillas que rojas iluminaban mis espacios desde allá abajo,
entonces empezabas a llorar
...
pienso que ya no podías más con todo eso, lo noté muy lento luego de ver tu cara de puta cuando te corrías sobre mí

definitivamente iré al sótano por otra cerveza en esta casa de mierda, es mi manera de empezar.



Se llamaba Soledá.

Y se llamaba Soledá
con su tristeza en la O
esa felicidá de la gente en las fiestas y la noche.

Y si la risa era jajaja
la pena volvía no no no.

Y se llamaba como tú
con todas tus amigas juntas
porque hasta en un cactus las espinas
aparecen por acompañar solamente
no para embellecer más su flor. Solo quería decirte eso, hija de puta. Le dije a la hija de puta que me rompió el corazón una sola vez luego que yo rompiera el suyo todas nuestras veces, así como ese culo tan hermoso y apretado dentro de sus blue jeans o bajo sus vestidos de flores en esos veranos limeños que hasta ahora no he vuelto a querer en nadie. Solo quería decirte eso, hija de puta, le dije a esa muchacha que adoré con locura tantas veces, tontas veces, todas las veces. Llevabas aún el pelo corto, las piernas largas, un poco de tristeza en los ojos y toda la felicidá del mundo entre los dientes.

A veces pienso en tu larga sonrisa como tu soledá larga que a veces también regresa, y aunque ya no me suicido por ti me jode que primero llegue a mi mente eso y luego tu culo apretado y hermoso. Dejé de preparar tereré, eso fue un gran comienzo, mientras escucho a un perro ladrar bebo un poco de mate caliente y sigo escribiendo. 

¡Mierda!, hace tanto frío que podría tomar un poquitito de whiskey, miro la botella un rato mientras Hubert Sumlin canta Sometimes I´m right y me meto en lo más hondo de esa botella, me gusta nadar ahí, siento como si me cargara alguien. 

Ojalá, 
y cuando las palomas se vayan de esta plaza entre azul y moreno y amarillo y blanco donde con sus viejas bancas y sus broncas y sus meadas y sus perros y sus borrachos, el sol aún se agacha tranquilo.
Una rubia pasea moviendo las caderas al son del frío en esta ciudad de mierda que nunca duerme, me dices que el mundo es cada vez más raro, que Chabela lo dice, y dices también que las ilusiones y el amor son conversaciones entre el sol y el cielo entero que ya no suceden.

Intento hacerte caso pero no, estoy demasiado drogado o asustado que es lo mismo, y me das tanto miedo, miedo de muerte, miedo físico, sí, todos los miedos. Decido marcharme mientras suena el blues del Bosón de Higgs, y aunque extrañaré tus toallas siempre tibias y tus pies siempre fríos, pienso que fuimos igual de fuertes que esas torres gemelas allá en Nueva York. Así lo dijo ese asturiano que tanto adoramos después del tiempo de las cerezas en ese septiembre del 2006. Por eso me marcho, con mi yo, con mi mí, conmigo, así me marcho de todo esto que eras tú.

Entonces el mundo se detuvo, todo ese tráfico que es la vida se detuvo, todo parecía una casa con sus familiares adentro, al borde de una mesa donde una ensalada de fideos, un buen corte de carne y una botella de vino tinto iluminaban las tetas de aquella prima que hacía del mundo algo tan perfecto que se detuvo completamente. El pan es maravilloso, pensé.

Yo aprendí a amarla con locura mientras ella solo se desenamoraba de mí, entonces llegó la torpe tarde y la sangre y su baba y mi semen y algunas pipas de hachís, con sus medias siempre puestas porque sus pies eran más fríos que los míos, sí, llegó esa tarde donde te pusiste medio Pedro y me negaste casi dos veces mientras yo metía la mano en el escote de esa hermosa prima de piel tostada por el sol, sí, al día siguiente ya nada importaba y el mundo volvió a girar. Aprendí a olvidarte en cada lengua y toqué cada clítoris que pude y empecé a beber café y dejé el hachís por cosas más fuertes y, el mundo siguió girando como giraba tu lengua alrededor de mi falo para calmarme. Pienso de qué color será el interior de tus ojos, en mi mente meto mis pulgares en la órbita de tus iris solo para saberlo, pero mi eyacular es tan intenso que olvido que mis rodillas no son tan fuertes. Me gustas hoy más que ayer, te digo, pero tú sabes que nunca te quise como a ella.

Tengo el cuerpo hecho mierda, la cara gastada, carajo, esta cerveza se calienta un poco más rápido que la anterior. Ya no me gusta dormir contigo, quieres que te coma la concha mientras tú intentas dormir. Tengo las puntas de los dedos algo cansados, te digo, y me gustaría que me comas el falo de esa manera que solo saben hacerlo los  hombres, que me descoloques las rodillas hasta que los dedos de mis pies se desvanezcan, quitarme los húmeros para quedarme a tu lado por siempre. Demoro un minuto y ya estás dormida, no es hermoso verte dormir, eres como una canción mal hecha, tú sabes; una buena letra, un buen sonido, y esa mierda que cuenta Joaquín que nadie sabe qué es pero que es lo único que importa.

Me gusta mucho el café y este día de mierda donde nada sucede no tanto, te digo mientras intruduzco mis dedos en tu concha,

y te mojas
                 y te mojas

     pero no despiertas.



Hoy no me gustaría salir de la cama.

Te gustaba mucho mi pinga curvada
quedabas sorda de tanto chuparla
y cuando por fin te rompía desde adentro
tus gritos eran tan torpes que yo no sabía
tu pelo corto y tu culo redondo me llevaron a ti
tú menor que yo y yo más imbécil que tú
recuerdo esa tarde que llegamos a casa,
trepamos en mi cama
me colocaste un preservativo que llevaba siempre en la billetera y luego de chupármela un rato te montaste en todo eso que era mi ser entero y te la metiste entre tus piernas,
volviste a chupármela de un modo que yo aún no conocía y te la metiste nuevamente en tu concha caliente, luego me besabas con tu sal y tus profundidades y tus secretos
me ahogabas de una manera tan sublime que a veces me dejo caer recordando eso
tú siempre mojada como un avión bajo la lluvia
yo más imbécil que tú
y nos cansábamos y no
y nos apagábamos y no
y nos íbamos y no
hasta desaparecer cada uno en una dirección

tal vez nos volvamos a cruzar algún día, pero no ahora.


El tiempo de las cerezas nunca llega a noviembre.

Catorce de febrero
noche lluviosa
una fiesta desenfrenada en esa ciudad de mierda
me fui y luego me llamaste por teléfono
dos palabras tuyas y estaba frente a ti
un taxi
un bar
dos whiskys y mi cama
tú de interiores negros y yo de desnudo soberbio pero blanco como esa cosa que metía dentro de mí
entre tu "esto no está bien" y mi falo rozando tu concha
tus tetas de goma se dejaban manosear por ese quemarse rápido de mis manos
te movías de una manera que yo ya no podía, quería correrme en todas tus bocas juntas
pero tu lengua fue tan amorosa
se quedó en mi mitad todo lo que un sueño dura
y te giraste para dejarme ver tu espalda iluminada en ese apagarse de mi habitación
y desde ahí
suplicabas que te llame por su nombre
-sí
ella será siempre a la que más quisimos, dijiste-
y acabé dentro de ti.



Me volvería a equivocar otra vez.

Me gustaba ver las horas pasar mientras te miraba
tú eras hermosa
ahí abajo
bella y radiante entre mis piernas con tu lengua mutilando mis sobras y todas las sombras de mi falo
y tus ojos en mis ojos
como pidiendo un poco de caridad
como suplicando una buena calificación o misericordia.


Yo que hice sangrar tu concha virgen en el único baño de tu casa cuando tu hermana dormía
tú que intentabas bajar tus interiores grises para que mi falo entero rompa esa pared de un solo romperse
y cuando escuchamos eso que escuchamos
paramos todo eso que todavía no manejábamos tan bien
yo iba a mil y tú ya regresabas
entonces guardé mi falo dentro de mi pantalón mientras tú me pedías que siga
y yo seguía pero no
y tú regresabas pero no
y nos apagamos.

Me gustaba ver las horas pasar mientras me mirabas...


Algodón.

La primera falda que quité fue la tuya, yo te miraba desde tu sofá
tú desde tus escaleras la levantabas muy despacio mientras tu madre preparaba la cena apurada
con esos ojos de puta y la cara de arrecha lograste en mí una erección en cinco segundos
me acerqué y me dejaste meter mis dedos en tu concha
estabas húmeda como una flor de inverno
cerraste los ojos y te doblaste
segundos después recapacitaste
tu madre hacía la cena muy cerca
yo lamí mis dedos y tus ojos se rompieron de una manera única
hoy te romperé el culo, dije con los ojos sin decirte nada
y tú me miraste como ya sabiendo que te iba a romper el culo.

Cenamos al rato y tu madre subió como siempre a su habitación
una película que no recuerdo en la tele y mis dedos entre tu concha y tu ano
tú arrodillada en el sofá me dabas la espalda para que yo te coja desde atrás
una mano mía tocaba tu concha y la otra seguía entretenida en ese hueco apretado
tú rota como una flor de verano caíste al suelo
esperando que meta todo eso que era mi juventud entera dentro de ese espacio tan ajustado
y sucedió
tú sufrías entre tu me gusta y me duele
entre tu no pares y no sigas
yo empujando entre mi baba y mi locura
entre lo marrón y lo ajustado
siete segundos después exploté a mitad de camino
tú quedaste rota doce segundos mientras yo intentaba detener ese temblor raro de tus piernas
luego te colgaste de mí y me besaste entre tu baba y mi baba
sal rota con sabor a pies y fruta
estabas loca
yo un poco sordo,
pienso que tu madre supo todo lo que hicimos esa noche en esa sala que tantas veces nos vio apagarnos, a veces hasta pienso que ella se tocaba mientras nosotros comprendíamos que la juventud era descarada, así como ella nos lo decía siempre que nos preparaba la cena para irse corriendo a su habitación. ¡Infección de mierda al día siguiente!



Caricia para un muerto.

Tu boca es una cruz
un largo sentimiento de tristeza
y cuando cae la lluvia
el suelo es una mueca tuya.

Lluvia insignificante
como todas esas madres que me abandonaron,


hay un puente y pienso saltarlo
brilla más que un sol o dos

lleva una luz que se apaga justo en mi garganta
sí
es un gran puente
y cuando lo salto
se apaga justo en mi garganta.

Escucho tu voz
cuando dentro de ti
despierto como un muerto

frío
tan frío
que soy esa mueca dentro de ti.


Pajarillo azul.

Tengo un muerto dentro de mí que no puedo matar
intento
intento pero no puedo

pienso que es más fuerte que yo
sí, es más fuerte que yo

¡inmortal e inmoral!

Hay un muerto dentro de mí que no puedo asesinar

le lanzo veneno
mujeres que no se pueden contar
historias oscuras y algo de cocaína


le llenan de caricias todas esas brujas que se apropiaron de mi alma

sí

es un muerto con forma de mujer o algún animal parecido

un muerto que no quiere morir

y está dentro de mi alma

justo ahí
en esa esquina que no importa
en ese lugar casi muerto

sí
duerme y comparte sus pesadillas conmigo
despierta y no quiere morir
ojalá se quede quieto mucho tiempo
como ausente
para que así deje de hacer falta.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

When the hurt is over



"A los diez años yo era el monarca de las azoteas y gobernaba pacíficamente mi reino de objetos destruidos.

"Por las azoteas" 
Julio Ramón Ribeyro, de su libro de cuentos Los hombres y las botellas, 1964.



Relato I.


Amor en tiempos violentos.

"Un día quieres dejar el mundo entero por mí, la misma noche te aburres y no soy para ti, como quisiera tenerlo tan claro, como lo tienes tú." Porque quedan solamente, los recuerdos machos sin hembra, los pezones con sabor a olvido, aquellos placeres momentáneos que se apagan en la mente y las películas que no volvimos a ver. No sabrá ya mi mano qué es tu mano, ni mi boca qué es tu lengua baja. Era la noche del fin del mundo de un noviembre triste de muchos que ya, había soportado. Yo prendía sobre una cama de hotel el tercer toque de hachís, ella escribía dos líneas sobre una negra mesa, sus manos tétricas y huesudas me rozaban los nudillos cada diez minutos, y ella reía, reía como nunca antes vi reír yo a una mujer.

Horas antes por fin nos presentamos, ya que nos conocíamos en boca de otros, mientras íbamos por café, jugo de fresa y tal vez una película moderna, nos pusimos al tanto de todo resumiendo todo. Ella reía, reía y reía, y nunca yo había visto reír a una mujer como ella lo hacía. El café terminó, la fresa, la moderna película, tres botellas de vino y también su risa, estábamos ahora en una habitación tétrica, que no era huesuda como sus manos, sino más bien oscura, oscura como sus ojos. Ella prendió la lámpara de noche y esnifó su casi oración que escribió cuando yo fumaba la tercera pipa sobre la cama. Se acercó, acarició mis nudillos una vez más, sonrió, sus ojos negros y chinitos lo eran todo, me besó, sus ojos chinitos y negros todo lo eran.

Cuando por fin despertamos nos unía un asqueroso dolor de cabeza, ella quería estar desnuda y yo ponerle las ropas, yo apetecía lavarme el rostro y ella acariciar mi barba, la pipa sobre la mesa saludó las tardes malas de un sábado cualquiera, su ropa interior negra me sedujo hasta el cuarto de baño donde me comí con ella un polvo acogedor y breve que luego vomitamos, porque terminamos abrazando el lavabo ella y el váter yo.

-¿La amabas?
  Sí, como se aman ciertas cosas.
-¿La odias?
  Sí, como se odian ciertas cosas.

Luego de sentir el agua fría y su boca tibia salimos disparados hasta la cama, donde ella no se negó cuando le puse el sujetador, instante en el que sus tetas se despedían de un modo pequeño. Sutiles tetas las de ella en mi mano, sin ruido, sin bulla las acariciaba, mientras ella reía, juro por dios que no existe que ella reía y reía, como yo nunca antes vi a una mujer reír así.

-Tengo dos besos en casa, tal vez un abrazo, dos tazas de café y un sueño de cuatro horas. 
 Te acompaño le dije, y me tomó por los nudillos, acariciando mi barba.

-¿Morías por ella?
  No, porque no se puede morir dos veces.
-¿Estás muerto entonces?
  No, porque no se puede morir dos veces.

Caminamos calles que no conocíamos, recordando cómo llegar a su casa, ella tomada de mi brazo, yo tomaba de sus besos, y dentro de todo el abrumador presagio de un polvo futuro, me consumía aún la idea fúnebre de aquella dama que me juró con la boca un cielo sin ser dios. 

¡Rayos!
- ¿Qué pasa?
 Creo que estoy muriendo. 
-Dijiste que no se podía morir dos veces. 
Quizá mentí un poco...

Al entrar en la habitación nos miraron los cuadros más tristes del mundo, y la cama, la feliz cama nos veía ahí parados, ella de mi brazo, yo de su boca. Nos besamos golpeando algunos muebles, caímos en su lecho, sus pequeñas tetas dentro del sujetador tiritaban inquietas, y mi boca en su boca, y sus brazos aferrados a mi cuello, su pelo, sus ojos chinitos, ¡mi pipa!, ¡carajo!, olvidé mi pipa en aquella habitación...

Era ya el tercer polvo que nos ofrecíamos, me abrazó algunos minutos, me miraba, acariciaba mi barba, y reía, reía y reía, mientras yo, adorando su risa festejaba en sus pezones, tibias caricias con mi índice. Luego se levantó dando un brinco, la cama en el suelo y yo sobre ella, mirábamos cómo se iba el ángel más hermoso del mundo por aquel espacio donde no había puerta, ¡qué culo!, ¡qué flaquita tan rica!, ¡qué ojos chinitos y negros más bellos! Regresó minutos después con dos tazas de café, una por mano, y desnuda ella bebía su café, y desnudo yo bebía su café, recostados ambos pensando en cómo rayos pudo habernos pasado todo aquello, sin predecirlo, sin quererlo, sin conocernos. 

 ¡Carajo!
-¿Qué pasa? 
 ¡Mi pipa!

El café acabó pero el aroma persistía aún en el ambiente, la cama deshojada, ella desnuda, ¡riquísima!, y desnudo yo, hasta el culo, respirando de su café, que luego se hizo un beso, el beso sin risa con sabor a café más largo de la tarde, y también culminó la tarde, la noche cayó como fin de mes, ella aún desnuda, yo con la camisa abierta y el falo colgando fui  por agua a la cocina.

-¿Piensas en ella en este instaste?
  En todos los instantes pienso en ella.
-¿Hasta cuando hicimos el amor?
  Quizá mentí un poco...

Casi golpeaba en el reloj las veintitrés horas, a un lado de la cama dos botellas vacías de vino llenaban un poco más el lugar, nosotros bebimos de esas brujerías, y luego de habernos revolcado en la bañera dos veces, nos quedamos profundamente dormidos por cuatro horas. Cuando abrí los ojos sentí un peso seco encima de mí, era ella, y su cabello oscuro cubría parte de mi piel y parte de mi cara, sus pies en mis pies, su mano en mi mano, su risa en mi pecho. ¿Quieres más vino?, un poco tal vez. dije. Ella se levantó con el rostro somnoliento, caminó hasta el estante pequeño de su habitación torpe y delicadamente, con una mano acomodando sus cabellos y la otra en la cintura, tomó una botella de vino blanco, la descorchó, me miró y luego se acercó moviendo esas curvas directas de su delgadez, y sus tetas, ¡qué tetas!, pequeñas en mis manos, medianas en las de ella, y su culo, ¡qué culo!, era como tocar magia en movimiento.

Ella se puso de pie nuevamente con un puchero lento, con los ojos tristes y negros, fue hacia un cajón cualquiera, sacó de él un pequeño paquete que abrió suavemente, ¡bendiciones! dijo acomodándose el cabello hacia atrás, se quedó parada unos segundos y gritó... 
¡MIERDA!, ¿qué pasa?, pregunté. ¡TU PIPA!, y reí, juro por dios que reí y reí.





Relato II

Amor en tiempos violentos 2



Ya viví, sufrí y amé, y todo ¿para qué?...
...Viví, sufrí y amé, vale ¿y ahora qué?

 Nacho Vegas


"Ella siguió poniendo dos cubiertos en la mesa, y conversaba sola, como si nada, sentada a la ventana, esperando alguna sombra y cantando hasta la madrugada; no te vayas, no te vayas..." Desperté con un agudo dolor en la cabeza, enterrado en la cama que sobre el parqué dormía, camuflado entre aquellos almohadones indios, perfumados y demasiado coloridos. No estaba ella, abrí seguros mis ojos inseguros, tampoco, no aparecía ella, me puse de pie, me dirigí al cuarto de baño, nada. Abrí las puertas del balcón por aire, sentí la frescura de la mañana sin brisa, al regresar vi los fetos de hachís que se mezclaban sobre la mesa de noche con otras cosas, suspiré al verme desnudo y me dirigí a la cocina por algo de beber y aún no sorprendía ella.
Me vestí, lavé mi rostro, acomodé mis pies dentro de mis Converse negras y salí de la habitación sin puerta, de la casa sin dueña, del recinto sin perro. Al vislumbrar el primer olivo cubierto por los rayos del sol y su verde acogedor, sentí una mano aferrándose a la mía, sin tiempo a nada me abrazó desde atrás, me detuve, cuando percibí aquel suave perfume de la anterior noche.


¿Por qué te marchas?, me levanté y no hubo nadie, ¿por qué huyes?, desperté y... Por qué te vas si puedes quedarte, hoy, ayer, pasado y mañana, me silenció antes de terminar lo que quería decir.

Tengo un dolor de cabeza tan horrible que podría hundirme como el Titanic, dije, y sin pensarlo dos veces me arrastró hasta la farmacia más cercana. Señorita, buenos días, algo contra el dolor de cabeza porque aquí este muchacho está por hundirse. ¿Está resfriado señor?, olvide lo de señor, solamente sálveme, que me está matando la cabeza con este dolor. Señor, ¿sufre de migrañas?, señorita por favor, necesito algo contra este maldito dolor, le daré algo contra la migraña, ¿cuántas tomas desea?, ¿cuántas necesito para morirme? La señorita me miró extrañada, mi acompañante volteó la mirada tras sus lentes para no reír, disimulando así su respeto. Señor, ¿cuántas tomas?, cien por favor, y cien para llevar. Creo que lo que tiene este muchacho no es otra cosa si no resaca dijo nuevamente mi acompañante. Señorita, mejor mil, que no llevaré nada a casa, y me trae una botella con agua por favor...
Ella preparó zumo de naranja para mí, de fresa para ella, sobre la mesa acomodó con sus elegantes  y delgadas manos el cruasán que había comprado mientras yo dormía, cortó queso del día, puso almendras y tinto, claro. Yo como espectador presumía admiración por sus manos, me gustaba verla entretenida en algo tan sublime por la mañana al mismo tiempo que usaba su Nikon, y me quitaba también algunos gestos y quietudes para su cámara. Se sentó a mi lado luego de colocar una servilleta en mi regazo, levantó el tinto en copa mientras yo la miraba, ella me alzó el tono de sus ojos chinitos, levanté mi tinto en copa aletargado, salú dijo, golpeando su copa en mi copa, y bebió, y bebí. Sus ojos me bajaron el tono pocos segundos después cuando yo subía la voz de mis manos dentro su vestido, ella giró lentamente las piernas en su mismo sitio apuntándome con su sexo, el grito de mis manos crecía mientras sus ojos chinitos se hacían grandes y gigantes hasta cerrarse, se abrían, se cerraban y se repetía el mismo acto hasta dejarlos cerrados completamente. Ella se levantó agarrándose de mi cuello, su silla cayó para atrás, mis manos en sus posaderas entraron en frenesí, ella se montó en mí delicada, sin antes quitar la tela que había tendido en mis muslos minutos antes, es para no perder elegancia al comer susurró antes de bajarle las tiras del vestido.

¿Te marcharás de madrugada como la última vez? me preguntó tan delicadamente y con los ojos aún cerrados mientras se movía montada en mí de arriba para abajo como marea torpe intentando humedecerme, soy un gato mujer, y como mal gato debo aprender a marcharme. Ella es muy hermosa, no me parecerá extraño que regreses a su lado, mujer, como gato, no podré volver a ella, primero, tendrás que matarme todas las veces que estuve aquí tratando de olvidarte. De olvidarla querrás decir... me gustaría que te quedes... dijo ella de una manera tan triste que ese día no podría haberme ido así haya querido.

Desde la cama vimos una película que años anduvo guardada, a la mitad me dormí, ella a la otra mitad despertó, y estando sumido en las profundidades del colchón, con cámara en mano, me guardó para sus mañanas y despueses. Desperté una hora y algunos minutos tarde, ella recostada a mi lado me miraba, chis dijo ella y flash su Nikon, mis ojos se cerraron al unísono, y antes de abrirlos los besos más descontrolados me cayeron torrenciales, y sobre mí colocó su peso entero, al momento que Cohen desde el balcón So long, Marianne cantaba un poco bajito. I forget to pray for the angels and then the angels forget to pray for us. Es mentira pensé... porque no le he rezado a los ángeles y estoy comiéndole el coño a uno en este preciso instante sin permiso de ningún dios... 

Yo besé sus tetas que eran medianas cuando con sus manos me hacía tocarlas, luego bajé por la costa entera de su selva podada, giró ella sobre el colchón para moverme dentro de ella como krakenes dentro de sus túneles sujetos a otros túneles. Más tarde ella con su sabiduría de besos amaba cierto tentáculo del Kraken, con virtudes mayores a los milagros de cualquier dios. Subió hasta mi boca después, rogó dos veces, pidió tres veces, gimió una vez, cuando al final de mi prematuro orgasmo, la noche a penas iba por su mitad, y desde el balcón la luna más horrible del año nos iluminaba torpemente, ¡oh suerte defectuosa la de la luna!, que enredados nos veía intentaba burlarse suavemente de todos nosotros.

Eres manjar en carne, para los carroñeros como yo, beberás vino de mis labios comentó mientras fue por un tinto, me gusta tu baja espalda, sobre todo los hoyuelos que se forman casi al final de tu espina le dije. Ya me adoras, así lo niegues. Y es que no lo niego mademoiselle, nadita lo niego, me he aferrado a tus curvas para morirme a la velocidad más injustificada. Quiero beber vino de tus labios atinó luego a decir, cuando me ponía en pie para recoger los restos de otros tintos que a lado de los cruasanes restantes y su compañera de viajes estaban, quizá fue para no sentirme tan borracho. El aire frío entraba desde las ventanas del balcón, y cuando vio en mis manos su Nikon ella aprovechó en ponerse un liviano suéter lila, regresó con el tibio puchero de siempre, se recostó en la cama con un cojín delante y uno más grande detrás, chis dije y el segundo de mi demora bastó para que ella cubra su rostro con ambas mano y esconda los colores coloridos de sus cojines indios.





Adoro cuando me recorres entera con tus manos. Sucede que cuando lo hago, me siento como Bouguereau, me encanta cuando te pones elegante. ¡Bacante hermosa!, dame un poco más de tinto per favore, ¡tu Baco lo implora! Ella tomó de la botella con todo el descaro de no usar copa y desparramó dentro de mis fauces su vino ensalivado, de su lengua difícil, sus dientes morados. Y Cohen con su They fall among the voices and the wine acompañaba desde el balcón.

He hicimos el amor, una vez que sentimos el frío...**

Come over to the window, my little darling, cantó caminando hasta donde estaba Cohen, sus blancas bragas con pecas tatuadas apresuraban destreza, sus tetas fortalecidas con mi tacto se movían por el síntoma de la gravedad, volteó, Come over to the window, my little darling, volvió a cantar y me expulsé de la cama, lento hasta donde ella estaba. I'd like to try to read your palm. junto a Cohen cantaba, no hallarás más que vacíos solamente, dije, no quiero mentirte. Well you know that I love to live with you, canté devolviéndole el gesto al unísono con Cohen pero en un inglés tan de mierda como no. Sus ojos se abrieron como cofres de oro llenos en manos de piratas desalmados, lanzándose hacia mí, abrazándome como gato a su bolita de trapo, besándome las manos, la boca, los verbos mientras mis manos escribían tales verbos en su piel. But you make me forget so very much. Cantó el dios, y tanta razón había...


Desvestí mi falo desnudo dentro de ella, culminando un polvo glamoroso, llegaba casi casi las tres de la madrugada, el poco frío entraba desde el balcón, húmedos bajo la seca noche, estando débiles, ella aún sobre mí, me besó una vez más, quedando un poco dormida tras lo que fue. Minutos cortos pasaron, le acomodé a un lado, la vestí con las ropas de la cama, se veía tan hermosa envuelta con esas sábanas blancas, su piel poco tostada por el sol, convertía en mágico el lugar, donde el diablo que era yo, seducía cada noche al ángel de los ojos chinitos más dulce de la historia, y el que la abandonaba al amanecer.

Say goodbye to Alexandra leaving. Desde el balcón el dios Cohen murmuraba, Then say goodbye to Alexandra lost. Desde el balcón, el dios Cohen recitaba...

Cuando me perdía por el umbral de la puerta invisible, su voz se oyó, quédate, ... (mi silencio) Quédate y te haré una fotografía de mis ojos y mi sonrisa con mis propias manos, la que tanto quieres... No mientas, dijiste que únicamente la harías cuando estemos muertos y me ames. Ella golpeó la cama en el sitio aún caliente que era mío, ven, tú Bacante lo implora. Los dioses nunca hacemos caso a las plegarias, ven, hay una botella más de vino aquí a mi lado... Está bien, pero aún siendo comprado tan barato, al amanecer tendré que marcharme.


Sus manos se hicieron envolturas, sus brazos y piernas collares, su boca típicas caricias de bondad, mientras sus cabellos danzaban al verso final de Cohen, con su I have tried in my way to be free... Sí... he tratado de ser libre con una mujer que no eres tú... Pensé antes de morir...

*Los ojos de la tarde. Daniel F.
**Las inmensas preguntas. (El género bobo) Nacho Vegas.





A las once con diez.

Tengo mala memoria para los nombres, le dije a la rubia que me soltó cómo se llamaba, quizá para mañana ya no te recuerde, es verdad, mis dedos tendrán tus olores más hondos y mi lengua tendrá sabores de tus escondites más quietos, pero tal vez ya no te recuerde para mañana. Tengo la voz breve y las manos aletargadas, como si me hubieran picado algunas hormigas.

Tus rodillas siguen rojas, me gusta que tengan ese color, hacen más real todo esto que parece un sueño, me gusta que tus ropas brillen regadas por toda la habitación, es como si este cementerio cobrara un poco de vida por tu presencia. Pero no, solo somos dos muertos en este ataúd de botellas y cigarrillos que yo no he fumado. Su vestido plateado iluminó mis palmas rotas y mis iris mutilados.

Ella se quedó y yo dejé a los amigos esa noche, todo porque yo le resultaba divertido y ella estaba riquísima. Bailamos más de la cuenta, reímos más de la cuenta, pero bebimos un poco menos de lo que yo esperaba, yo habría querido que ella olvidara hasta su nombre, pero ahí estábamos, en mi habitación desnudos, ella con las rodillas rojas de tanto haberme chupado la pinga y yo con la lengua derrotada, su vestido ya se había apagado y yo también, ella encendió un cigarrillo roto para cambiar de aroma el lugar, y yo metí mis manos dentro de sus muslos solo para saber que su culo no volvería a ser mío otra vez. Me llamo Casandra, me dijo esa argentina hermosa, mientras yo solo me llamaba Pedro, un Pedro que en lugar de decir feliz navidad decía me duelen las rodillas.

A Yusami. 

El sol era pequeñito a un lado de tu ombligo
y su poca luz
poca ante tus ojos.


Perfecto es el mundo a tu lado.

Perfecto es el sol en tus rodillas quietas
y perfecta la luz de tu mitad en movimiento
Yusami
perfecta eres
porque luego de romperte en mil pedazos te juntaste segundo a segundo
para que ella tenga esa forma que tanto adoramos
para que ella responda a ese nombre que tanto decimos
Yusami
perfecta eres en todos tus instantes
y si te molestas habrá una flor y si me enfado habrá un beso o dos.

Te amo, Yusami
te amo tanto que la vida que parecía insignificante se ha convertido en algo que no quiero que se apague nunca...