miércoles, 17 de marzo de 2010

El rey sapo


El rey se sienta sobre el elefante y de la piedra un sapo nace, el mismo rey en elefante se transforma mientras que de la piedra se forma otro sapo, uno desagradable, asqueroso, algo que va más allá de una dulzura un tanto desmesurada, algo maravilloso. Dos gordas escorpiones comen, y de su veneno la vida brota, como en el centeno la negrura de la muerte. Una mala mujer con peluca me mira y se resiste con las piernas, a su mitad, desde la carne profunda, ahí también como elefante la roca perforaré. El rey sapo en hombre se transforma, y del mismo hombre nace otro sapo, como en su centro de sutiles conchas la perla podrida guarda, la garnacha podrida esconde, algo que quizá en carne se transforme, una roja y viva carne de sapo y de elefante, y así la humanidad se alimentará. El rey se sienta sobre el elefante y de la piedra nace un sapo, el mismo sapo se transforma en hombre, mientras que del elefante otro hombre nace, uno repugnante, inmundo, algo que va más allá de la santidad, algo grandioso. Comen las mismas gordas su excremento negro, y de sus bocas el veneno brota como saliva, como vida enmarañada a otra vida, así hasta que el rey sapo mate al elefante, y al hombre. La misma mala mujer ahora sin peluca me mira y se resiste entre las piernas, a su mitad, sembraré yo al rey sapo.

Escrito en una noche de lluvia, entre el croar de un sapo y el pasar de un río. (Febrero, Tunín.)

sábado, 6 de marzo de 2010

El beso más hermoso del mundo


E
n el beso mayúsculo de las manos te encuentro,
como en una pelea contra la prenda,
así también te toco.
En el mueble minúsculo de mis manos te beso,
como en una batalla contra el vestido,
así también te siento.

Ha crecido el deseo que tu cuerpo provoca,
como verso hermoso en la boca del poeta,
como la mar en tiempos de cólera,
como ímpetu de tu lengua que mi lengua hace temblar.

En el vestido de tela suave me meto,
entre caricias que tus piernas ofrecen,
fingiendo dibujar mis besos,
y te beso,
de modo mayúsculo,
y me besas,
porque tu lengua mi alma hace estremecer.

Ha crecido el deseo que tu forma provoca,
como el bandoneón de un Tango-Bar argentino,
y me pierdo,
y te pierdes,
entre la excitación máxima de dos lenguas
aferradas con la misma alma,
así hasta que todo se haga nada,
y vuelo,
y vuelas,
y una vez más... te beso.

Dedicado a los labios más sublimes, que cuando besan todo se convierte en nada, y vuelo, y vivo, y los vuelvo a besar hasta que la nada se convierta en todo.