miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los caminos ocultos



LI


MENTIRA. Si lo hacía de engaños,
y nada más. Ya está. De otro modo,
también tú vas a ver
cuánto va a dolerme el haber sido así.

Mentira. Calla.
Ya está bien.
Como otras veces tú me haces esto mismo
porque yo también he sido así.

A mí, que había tanto atisbado si de veras
llorabas,
ya que otras veces sólo te quedaste
en tus dulces pucheros,
a mí, que ni soñé que lo creyeses,
me ganaron tus lágrimas.
Ya está.

Mas ya lo sabes: todo fue mentira.
Y si sigues llorando, bueno, pues!
Otra vez ni he de verte cuando juegues.

César Vallejo.


El andar.

El hombre llano, sin preámbulo a nada, consume de su heroína, silente como el humo. Camina haciendo sonar sus tacones, un golpe seco cada tres pasos, y cojea y tropieza y cae, oh torpe andar del hombre que consume heroína.


I


La cumbre,
desolada como la noche
que vislumbro con reojo
de una puerta cerrada.
No soy ya,
la exclamación de eso
que se enrosca como dedo en tu pubis
oh pubis maltratado,
angustiado
que verdoso destila
húmedos compatriotas del vello.

Agoté
febril lo hirviente
de mi semen a otro semen
blanquecinos títeres del movimiento
sin aroma como frazada
que pende de una boca
rápido
como el niño que un día nace
y al segundo perece.

De Poemas Romanos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Resurrección


Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?

Nietzsche,
La gaya ciencia, sección 125




La madrugada del fin del mundo.

Corrí, corrí porque a pasos agigantados, la tenue verdad, la que se distinguía frágil, como un moribundo a punto de morir, se me esfumaba. Sí, galopé, para lograr la erudición con algo obscuro; ¡oh desenfrenada noche, oh claustro de mi fobia, oh caviar artificial!, que dentro de su calma más grotesca, el radiante sueño se hace menos cruel que la insolencia. Quise rebuscar dentro de un huevo plastificado, la idea de un profundo asesinarme, grano a grano, consumí de sus semillas, grano a grano, las despojé de mi cuero minutos tarde, al simular un yo sin ti no puedo más, al dibujar en el llano de mi verde cama un no me sueltes nunca, quizá también, antes de culminar el primer tramo, un moriré sin ti, lo estoy haciendo nena, dejarme no pretendas.

Ella consumía de mis abrazos, como tierno un niño, acurrucado en su madre, ella bebía de mis temblores, fieros temblores, de mis fríos, de mis sudores. Me dijo que me quería, y cuando en el eco le amé, calló, en silencio me miraba sin mirarme, su lástima hacia mí, era terroríficamente notoria, en mi cráneo millares de puntas sentí, como bandadas de aves que chillaban, perforando con sus picos mis ideas, como a una roca la diamantina; sentí así, los venenos más negros de la pestilente humanidad, dejándome sus yo internos, y cuando por fin seduje a la muerte, y cuando ya casi, cuando casi tenía a esa blanquecina sombra vestida de noche rozándome, se esfumó como humo del tabaco, cuando el fuego logra su querer absoluto en el pulmón del hombre. Sí, de igual modo se fue.

Logré perpetrar mi propio daño, contra mí, embravecido como escorpión, clavando mi propia espina en mi dorsal, rehuyendo a la rosa blanca, al pavor de la triste rosa blanca sobre el mármol. Caminé, luego de correr caminé, retomando el espacio reducido a nada, de mi andar macabro, de mi llorar, de mi llorar poco audaz.

No pretendo morir más, ni busco consuelo en las tetas, ni en mi verga, porque ya todo se ha consumado, el fin de los finales, el the end más prolongado de toda la imaginación, se ha cantado, el Ave Fénix, una vez más, habrá volado.





Imagen de catnez.com 'Ave Fénix'




Como las dos torres de la nueva roca caigo
mis muros en el aire se entretienen
mis soportes ultrajados se destrozan
y me desmorono ante los ojos de la humanidad maldita.

Con los pies rezando
ofrendas de pasos al tiempo otorgo
y es el tiempo que no sabe detener su espacio
como las promesas del dios al hombre.

El frío clava sus espadas en mis huesos
se retuercen dentro mío
gritan, que deje de temblar
pero tiemblo
tiemblo ante la faz de la tierra.

Como las dos torres de la tierra me rindo
mis sólidas bases se hacen agua
mis rodillas desintegran su rudeza
y recaigo en la angustia de la nada
ante un mirar de la humanidad maldita.

Sábado once de septiembre del dosmildiez.
De "El amor como las dos torres gemelas en Nueva York".


Verso al Fénix.

De mis cenizas, nacerán plegarias ostentosas, que versos son, de las glorias no angustiosas. Mecerán en mi plenitud algunos años de más, notorias en la piel no arrugada por el tiempo, brillaré, dentro de un saco de tormentos, y victorioso alzaré, repleta de vino tinto mi copa, que pedirá ella, se riegue en su boca.

De mis cenizas, verterán oraciones gloriosas, como festín de festines, entre bailes con dioses, caminaré entre los vivos, que ya muerto, habré de resurgir, como la uva, dentro de una botella, haciéndose así, el genio más inmortal,de la mar y su querella.



*Porque always lloraré a la Cambalache, over the rainbow, como tiburones del Caribe, que no consiguieron devorarle en vida, mi goleta, mi bandera, sus tibias en mi calavera, y todo al fondo del mar...

*No fue bueno, pero fue lo mejor. 'El tiempo de las cerezas' *Versión Malatesta.