lunes, 22 de noviembre de 2010

Veintidós (Dedicatoria)


Vámonos...

Enrique Bunbury



Cruz commissa.

De boca,
fue tal beso
como crucificado
en el Gólgota.

De mano,
fue tal caricia
como clavado
en la cruz.

De risa,
fue tal calvario
como resucitado
en el ataúd.



Adiós siempre será un saludo.

Adiós,
saludó su boca,
adiós,
me dejó su beso.

Adiós,
habló su ropa,
adiós,
me abrigó su copa.

Adiós...
siempre será un saludo, le dije.


A Cambalache, for sentimental reasons.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tres de romanos


Evidentemente soy un hombre débil. He probado a recurrir a la Biblia, a los filósofos, a los poetas, pero para mí, no sé por qué, ninguno ha dado en el blanco. Hablan de algo completamente distinto, por eso dejé de leer hace ya mucho. Hallé cierta ayuda en la bebida, en el juego y el sexo, en este sentido me he portado como cualquier hombre de la comunidad, la ciudad, la nación. Con la diferencia única de que a mí no me interesaba triunfar. No quería familia, hogar, trabajo respetable, etc... Y así veía yo. Ni intelectual ni artista, sin las auxiliadoras raíces del hombre normal...


Bukowsky



X

La rosa
frenética esmeralda de la espina
que en mis dedos sus puntas afina
y sangro loco
y morir es poco.

La risa
infelicidad desmedida
que en mis centros clava sus heridas
como llaga dentro de la vida
y vivo loco
y morir es poco.



XIV


Frígida mujer
que besos manda
desde su túnel
a la sien.

Frígida mujer
que por su gatillo
grita leve
hasta el seso.

Frígida mujer
que reptil parece
por piedad...

¡Matadme!



XIX


El esmeril
ante el diamante decae
eréctil
como mazo
en la cabeza del que golpea

-y envilecer quiero
tu cuerpo
por mi arrogāre.


De Poemas Romanos.