viernes, 4 de mayo de 2012

La inspiración no existe



"Qué siniestro es el oficio de escritor"

 Leopoldo María Panero






Pálida es la dama que me abraza
cuando morir es suficiente
ajusto mi espada dentro de mi garganta
tan profundo como en tu sexo cuando no te amo
y me detienes con tu mano suplicando
ay de mi esperma dentro de tu boca
ay de mi estirpe cuando la bebes con odio
y también tu otra mano suplicando
desde abajo me detienen.

Bebo jarrones y jarrones de un licor amargo
verde es su aroma y verde el romance por la hoja
ay de mi garganta cuando ardes
ay de mi fondo cuando tu humo pesa.

Me rompo sobre la cama
destrozado como un perro atropellado
giro y mis ojos son aberturas horrendas
algo de ellos brota como mi semen saliendo de tu boca
pero hay sal dentro de mis ojos y mis labios se hacen mares
y cuando aferrarme a la pálida mujer hace de mí un cadáver
algo en mi estómago reclama con aullidos
una hogaza de pan.

Tu cuerpo permanece hermoso
colgando de la biga que justificará mi ausencia
así como el humo que hace al viento torpe
así como tus amarillos dientes rozando mi lengua
hasta colgarme.

Húmeda aparea tu baba con la mía
abominables seres que nacerán con el tiempo
y es lo que ya no nos queda
-tiempo.

Mi peso baja velozmente
mi barba como la mala hierba al paisaje estropea
y la misma mujer escribe todavía sobre mi mesa
y se recuesta larga
seca
una a una como dunas van entrando en mí
mis huesos humildes chillan
andar es detestable
y se recuesta larga
desnuda y arrogante
una a una fundiéndose en mi piel
hasta dormirme.

Blanca es la mujer que me ama
cuando sin querer morir
lo hace suficiente.




Toda escritura es una porquería.

L.M.P



domingo, 29 de abril de 2012

Como golondrinas para su vestido



Iluminado estaba su rostro, y todos eran felices menos yo, iluminada estaba su risa, y todos festejaban menos yo, hermosa era su mueca, y nadie le amaba tanto como yo.





Azul noche era el gesto de su vestido
y sobre lo alto como estrellas sus rodillas se iluminaban
en su regazo dormían ambas manos -que eran flores 
y su cuerpo tan suave como frágil  -que era pétalo 
reía lento como la media noche.

Azul noche era el fondo de su vestido
y su cuello pálido un collar de perlas parecía 
en su escote dos nidos escondidos -que eran hilos de seda
y sus pupilas tan enamoradas  como amadas -que eran sombras
jugaban quietas como la media noche.


Desde mi órbita mirarla era suficiente
envuelta en ese liso vestido azul noche
cuando leve era el aire que le rodeaba
y al andar con poca prisa
los fines de sus bordes danzaban
-con sus rodillas danzaban
para dar paso al teatro de la vida
-con mis iris adorándola
cuando mis huesos festejaban silenciosos
porque solamente yo me sé el secreto que guarda la noche
pintada en su vestido como el azul tan marino de las olas en su espalda
porque solamente yo me sé todo eso que le rodea
-cuando nada le rodea...

Azul noche era el fondo de su vestido
y mis besos como golondrinas para su vestido...




A su vestido en ella, por razones sentimentales, cuando todavía cantaba el Rey Nat.